Los crímenes del a Avenida de Mayo IV

지난달


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El día 15 había comenzado con una triste noticia para el inspector Soto, su gran amigo del liceo el sargento 1ro Aníbal Rodrigo murió en cumplimiento de su deber la noche anterior cuando en una redada para atrapar a dos malandras que estaban azotando al popular barrio de Liniers con robos reiterados a mano armada, fue víctima de un disparo proveniente del arma de uno de los sospechosos, el proyectil ingresó por su cuello y no hubo tiempo para nada, murió en el lugar ahogado con su propia sangre.

Soto, Rodrigo y Catuco habían formado un trío de amigos inseparables, eran estudiantes destacados y todos creían que se recibirían con honores, no fue así. La mala situación económica de la familia de Rodrigo y el temprano fallecimiento de su padre lo obligaron a dejar la academia aunque luego reingresaría a la fuerza policial pero ahora como suboficial. Catuco tampoco pudo completar la carrera, un accidente doméstico lo dejó hemipléjico para el resto de su vida. Sin embargo siempre apoyó a su gran amigo Carlos Soto y aún continuaba siendo su confidente y consejero. En dirección a la casa de Catuco partió Soto luego de acompañar los restos de Rodrigo hacia el panteón policial en el cementerio de la Chacarita, encontró al amigo de siempre, ese que jamás perdió el entusiasmo y la dedicación al estudio criminalístico pese al accidente que lo retenía en una silla de ruedas.

Conversaron toda la tarde de diversos temas pasando por recordar la época de estudiantes de los tres amigos hasta este momento incierto con los homicidios y la investigación virtualmente en un callejón sin salida. Catuco trató en todo momento de alentarlo y le sugirió darle atención a los detalles menores, generalmente allí se encontraban muchas respuestas que podían encausar una investigación y que si no se veían también la podían hacer fracasar. Si bien no había estudios de personalidad de este tipo de asesinos múltiples, los escasos datos que se manejaban le hacían inclinar a Catuco por un extranjero, en son de adivinar se jugaba por uno proveniente de Europa Oriental, son más conflictuados – le dijo -. Soto tomó nota mental de las aseveraciones de su amigo, lo había sorprendido en más de una oportunidad con su olfato para detectar criminales, su poder analítico y deductivo, justo en estos momentos necesitaba mucho de eso.

Adelina Flores resultó ser una prostituta que trabajaba en un tugurio de mala reputación sobre la calle Hipólito Yrigoyen al 1400, apenas a una cuadra del 4to asesinato. El detective Soto la visitó en su lugar de trabajo y luego de algunos momentos incómodos y vergonzosos para la mujer respondió todas las preguntas que le hizo el oficial. En primer lugar aclaró que había tenido temor de mencionar su trabajo aunque sabía que era importante que se supiera porque estaba allí al momento del crimen, luego mencionó algo fundamental, creía aunque no estaba totalmente segura, que el hombre que vio arrastrar la bolsa, había estado en el cabaret donde ella trabajaba al menos una vez. Claro que la cantidad de hombre que visitaban el lugar era muy grande y además la iluminación de esos locales siempre es tenue, sin embargo algo le decía que lo había visto por ahí. Un par de hombres del grupo de investigación se encargó de entrevistar a todas las chicas, barman, personal de limpieza y dueños del cabaret , para ello les relataban la descripción dada por Flores y mencionaban la posibilidad que este hombre fuera cliente del lugar. Solo uno de los mozos creyó recordar una persona de esas características, dijo que concurría cada tanto y que no alternaba con las chicas pero si bebía bastante, bebidas blancas como vodka y whisky, sin lugar a dudas era extranjero aunque casi no hablaba. Tanto Flores como el mozo Roberto Zaistun contribuyeron para confeccionar un retrato hablado, técnica que la policía federal utilizaba con cierto éxito desde 1880. Solo en un detalle no menor discreparon ambos testigos, para Flores el hombre tenía el cabello oscuro y para Zaistun castaño claro, casi rubio.

El 18 de abril la tensión se sentía en la gran sala donde el equipo de Soto había montado su investigación, las paredes llenas de anotaciones, el punto focal era un gran mapa del microcentro porteño con cruces rojas en cada uno de los lugares donde se habían encontrado los cuerpos y el posible retrato del asesino había sido fotografiado y pegado en todas las paredes, cada uno de los miembros tenía una copia para mostrar a cada persona que atinara a pasar por la zona. En la reunión diaria se fijaron las pautas para el trabajo del día que sería muy largo, desde las 20:00 horas todos los integrantes más los 4 policías adicionales que consiguieron haría guardia toda la noche para tratar de prevenir el 5to homicidio. Una gran sorpresa se llevó Soto cuando 3 policías de la comisaría de la jurisdicción se ofrecieron como voluntarios para participar en la vigilancia de la noche.

Esa misma tarde Soto se quedó solo en su despacho y por enésima vez comenzó a repasar a conciencia todo el expediente que por otra parte no paraba de crecer. Las palabras de su amigo Catuco resonaban en su cabeza “presta atención a los detalles menores”. Cuando llegó a las fojas con la descripción del segundo crimen, justo el momento en que fue puesto a cargo de la investigación, le sorprendió darse cuenta de la poca información que había de la víctima, por otra parte el único hombre asesinado hasta el momento. No tenía documentos cuando lo encontraron y no se conocía su identidad, su profesión, ni su domicilio, su cadáver había sido entregado a un familiar que no estaba identificado, inaudito procedimiento. Había que enmendar este enorme error y profundizar rápidamente esa línea de investigación, cualquier detalle podía ser crucial para la resolución del caso. Sobre el resto de las víctimas no había mayores faltas, todas mujeres, todas identificadas, todas con motivos para estar en el lugar.

A las 19:30 dejó el escritorio lleno de tazas vacías, ceniceros llenos y el expediente guardado en la caja fuerte, partió hacia la avenida de Mayo. Había que atrapar al asesino.

Mientras tanto a pocas cuadras de allí, en un miserable cuarto de hotel lleno de humedad, cucarachas y ratas, un hombre joven rezaba hincado de rodillas, sobre un destartalado y ridículamente pequeño escritorio donde había construido un improvisado altar con la fotografía ajada de una joven en el centro, un crucifijo colgado del extremo de un florero con flores secas y marchitas y dos velas a ambos lados irradiando una luz mortecina y lúgubre. En el suelo varios papeles desordenados, algunos rotos, otros arrugados, todos escritos en un idioma desconocido, cada uno de ellos solo contenía una palabra, la misma palabra: "smutek"

Continuará…

La fotografía es de mi propiedad y muestra la Avenida de Mayo (lugar de los hechos contados en esta ficción) en la actualidad.

Héctor Gugliermo

@hosgug

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Excelente esta 4ta entrega

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Espero mantener el nivel. Muchas gracias!

@hosgug, Sometimes we think that Life will bring up something better but for some that's not the case, they follow the path which takes them towards more Darkness. Stay blessed.

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