Crónica sanitaria

4개월 전

El ímpetu pedagógico de la doctora Beatriz no se vió doblegado por la ardiente atmósfera del jamás terminado saloncito de clases del quinto piso del hospital pediátrico en la acosadora tarde de ese martes de junio. La anacrónica edificación acogía cada desgracia de aquel crepuscular pueblo de ignorados clamores. Junto con la explicación a capella de cómo redactar una historia clínica se juntaban los arrullos de las palomas que se escondían en las rendijas que formaba el asmático aire acondicinado que hubiera servido mejor de calefacción si se hubiese ubicado estratégicamente en Toronto y no en aquella tierra de convulsionada historia. Miguel intentaba entonces no parecer grosero por su incapacidad de concentrarse en aquellas banales maniobras de la carrera médica mientras luchaba con el vapor que empañaba sus lentes cada vez que su docente pronunciaba "toráxico". Tenía 22 años y estaba convencido de que no había nada mas digno para un hombre que graduarse de médico con caligrafía de poeta del siglo XVIII y bajo una colorida dictadura, sin embargo siempre estaba latente la posibilidad de que alguna tentación lo arrancara de su país natal o de que su caligrafía cayera en las excusas de la vida plana de los que transitaban el milenio en curso. Su perseverante docente sostenía con energía ilimitada la retahíla que 4 horas antes había empezado sin decaimiento alguno, él por su parte sudaba por cada coyuntura de su cuerpo y no dejaba de limpiar sus lentes mientras calculaba los minutos y las cerámicas que faltaban por derrumbarse.
Descendió por las penumbras de las escaleras de los 5 pisos consecuente al tercer apagón nacional durante la primera mitad de año, tratando no tropezar las confundidas ánimas pueriles del hospital pediátrico que recién se habían despedido eternamente de sus sufrimientos, inocentes de la metástasis que sufrió su sistema sanitario propio, y gubernamental.
Antes de regresar a su casa, Miguel se encontró con su amigo Aguirre, quien recién terminaba su segunda guardia en la sala de emergencia como estudiante del penúltimo año de la carrera, en la que se vio acontecido por media docena de mujeres asfixiadas por cocinar con leña por falta de gas, un par de amibiásicos, un hipertenso, y hasta un fallecido por edema agudo. Aguirre relataba con desidia su impertinente velada liderando sólo en aquella faena donde no quedaban médicos capacitados.
Bajo la rutina de un tercer mundo no existen motivos para exaltarse o sufrir por nimiedades, todo lo demás es superfluo y a la vez alarmante. La autoflagelación se ve dominada por la misma corriente de una sociedad vomitada y renacida.
Las hojas de los mangos tapaban los parabrisas de los tetánicos jeeps que reposaban en su camposanto académico , un miliciano cerraba la puerta de entrada trasera al depósito del hospital pediátrico mientras Miguel observaba cansado los algodones caer en el estacionamiento de su facultad, lo cual no podía significar un infortunio distinto: Clara , su mas claro, reciente y franco amor se cansó de esperarlo y partió en dirección cardinal opuesta a la ruta que él debía tomar.

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Tétrica narración, que retrata a un país que creo conocer. felicitaciones. aliriera

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