El vocativo: una breve lección de ortografía/ The vocative: a brief lesson in spelling

2개월 전

Hemos observado en los últimos tiempos, no solo en las redes sociales, sino en cualquier ámbito donde se utilice la escritura como medio de expresión, una desmedida despreocupación por el uso correcto del lenguaje. Es frecuente encontrarnos con errores ortográficos de todo tipo y con textos tan mal redactados que, a pesar de abordar temas interesantes, provocan no continuar leyéndolos. Es, en verdad, una pena, y un descuido monumental de quienes escriben, ya que existen numerosos sitios en internet donde se pueden encontrar las normas básicas de la ortografía y muchas explicaciones y ejemplos para alcanzar una buena redacción; esto último no se logra de un día para otro, pero quien pretende escribir para llegar a un significativo número de lectores, por respeto a estos debe practicar, para manejar mejor, los instrumentos elementales de la lengua.

Uno de esos errores que más nos ha llamado la atención, debido a que lo hemos encontrado, incluso, hasta en personas que conocen y manejan muy bien el idioma, es el uso de la coma cuando en la expresión aparece un vocativo.

El vocativo, si lo tratamos de definir de la forma más simple posible, se trata del receptor o los receptores a quien se dirige la persona que habla o escribe. En el lenguaje oral, es normal que se utilicen con frecuencia los vocativos; pero como nuestra explicación está referida a la escritura, nos centraremos en esta con el propósito de aclarar el uso de la coma que exige este elemento tan común.

Para entender, de una vez, por qué es necesaria la utilización de la coma cuando en el discurso aparece un vocativo, colocaremos un ejemplo clásico de los antiguos textos de ortografía. En la oración siguiente, una coma puede cambiarle completamente su sentido:

María cierra la puerta del garaje.

La expresión anterior, se trata, como es obvio, de una afirmación. Una persona que se llama María está cerrando en estos momentos (el verbo está en presente) la puerta del garaje. Pero si colocamos una coma después de María, el significado, la intención, de la expresión cambia por completo:

María, cierra la puerta del garaje.

En este caso alguien le dice, o le ordena, a María que cierre la puerta del garaje. Y es en esta circunstancia que aparece lo que llamamos vocativo. Este elemento puede en la oración, o en el discurso, cambiar de posición y será siempre imprescindible usar una o dos comas (cuando no está al principio o al final del enunciado) para diferenciarlo:

Cierra la puerta del garaje, María.

Cierra, María, la puerta del garaje.

Coloquemos ahora otros ejemplos de vocativos con sus respectivas comas:

  • Ya no quiero continuar trabajando, mi compadre.
  • Estamos en un gran aprieto, mis queridos socios, con este producto que no logra penetrar en el mercado.
  • Hermano, lleve este paquete inmediatamente a la casa.

Ahora bien, el vocativo no solo puede tratarse de una o más personas, sino de cualquier entidad, real o imaginaria, a la cual el escritor o hablante se dirija. Un apostador, por ejemplo, en medio de la emoción de la carrera, puede dirigirse a su caballo favorito como si estuviese animándolo:

  • Vamos, mi alazán, que tú eres bueno.

Así mismo, alguien podría tomar como interlocutor a su país como si este pudiera escucharlo:

  • Te vengaré de todos los que te han maltratado, mi país hermoso.

O poéticamente un músico puede convertir en vocativo al instrumento:

  • Entona tu canción, guitarra parrandera, para alegrar el día...

Si observamos con atención, por otra parte, nos daremos cuenta de que el vocativo más utilizado en todas las culturas y en todos los idiomas es el que se refiere a Dios, apelando, por supuesto, a sus múltiples nominaciones. Esto es muy comprensible, ya que todos los seres humanos, en cualquier circunstancia -en la tristeza, en la alegría, en la gratitud, en la esperanza, ante el dolor y en todo aquello cuanto les acontece- recurren a la infinita misericordia del Señor, conversan con Él, para demostrarle su fe. He aquí algunas oraciones que pueden ilustrar lo que estamos planteando:

  • Ayúdame, Dios mío, con este problema.
  • Señor, guíame por el camino del bien
  • Cuida a mi hijo, Padre Celestial, cuando yo no esté cerca.
  • Señor Jesucristo, concédeme este favor y estaré eternamente agradecido.

Son infinitas las oportunidades, tanto en la expresión oral como en la escrita, que se pueden hacer uso de los vocativos, sin olvidarnos de que cuando se trata de esta última, es necesario el uso de la coma. Para culminar, he aquí un extracto de una imaginaria conversación a través de un chat, donde todos los destacados con negritas son vocativos:

  • Amiga, qué te pasó.
  • Nada, loca, solo tenía sueño.
  • Mujer, pensé que te habías molestado.
  • No, chica, estaba que no aguantaba más.
  • Me dejaste allí sola, mala gente...

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Fuente

The vocative: a brief lesson in spelling

We have observed in recent times, not only in social networks, but in any area where writing is used as a means of expression, a disproportionate disregard for the correct use of language. It is common to find spelling mistakes of all kinds and texts so poorly written that, despite addressing interesting topics, they cause us not to continue reading them. It is, indeed, a shame and a monumental oversight on the part of those who write, since there are numerous sites on the Internet where you can find the basic rules of spelling and many explanations and examples to achieve good writing; the latter is not achieved overnight, but whoever intends to write to reach a significant number of readers, out of respect for them should practice, to better manage the elementary tools of the language.

One of those errors that has caught our attention, because we have found it, even in people who know and handle the language very well, is the use of the comma when a vocative appears in the expression.

The vocative, if we try to define it as simply as possible, refers to the receiver or receivers to whom the speaker or writer is addressing. In oral language, it is normal that vocatives are frequently used; but as our explanation refers to writing, we will focus on this in order to clarify the use of the comma required by this very common element.

In order to understand, once and for all, why it is necessary to use the comma when a vocative appears in the speech, we will use a classic example from the old spelling texts. In the following sentence, a comma can completely change its meaning:

Maria closes the garage door.

The above expression is, as is obvious, a statement. A person named Maria is currently closing (the verb is in the present tense) the garage door. But if we place a comma after Maria, the meaning, the intention, of the expression changes completely:

Maria, close the garage door.

In this case, someone tells, or orders, Maria to close the garage door. And it is in this circumstance that what we call vocative appears. This element can change its position in the sentence, or in the discourse, and it will always be essential to use one or two commas (when it is not at the beginning or at the end of the sentence) to differentiate it:

Close the garage door, Maria.
Close, Maria, the garage door.

Let us now look at other examples of vocative nouns with their respective commas:

  • I don't want to continue working, my friend.
  • We are in a big bind, my dear partners, with this product failing to penetrate the market.
  • Brother, take this package immediately to the house.

Now, the vocative can not only refer to one or more persons, but to any entity, real or imaginary, to which the writer or speaker is addressing. A bettor, for example, in the midst of the excitement of the race, may address his favorite horse as if he were cheering him on:

  • Come on, my sorrel, you're good.

Likewise, someone might take his country as an interlocutor as if it could hear him:

  • I will avenge you on all those who have mistreated you, my beautiful country.

Or poetically, a musician can turn the instrument into a vocative:

  • Intonate your song, salty guitar, to brighten the day....

If we observe carefully, we will realize that the most frequently used vocative in all cultures and in all languages is the one that refers to God, appealing, of course, to his multiple nominations. This is quite understandable, since all human beings, in every circumstance - in sadness, in joy, in gratitude, in hope, in pain and in everything that befalls them - have recourse to the infinite mercy of the Lord, they converse with Him, to demonstrate their faith. Here are some prayers that can illustrate what we are saying:

  • Help me, my God, with this problem.
  • Lord, guide me on the path of goodness.
  • Take care of my son, Heavenly Father, when I am not around.
  • Lord Jesus Christ, grant me this favor and I will be eternally grateful.

There are infinite opportunities, both in oral and written expression, to make use of vocatives, without forgetting that when it comes to the latter, it is necessary to use the comma. To conclude, here is an excerpt from an imaginary conversation in a chat room, where all those highlighted with bold letters are vocatives:

  • Friend, what happened to you.
  • Nothing, crazy, I was just sleepy.
  • Woman, I thought you were upset.
  • No, girl, I couldn't take it anymore.
  • You left me there alone, bad people...

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Fuente

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