Montgomery "Llamada anónima" (cuarta parte)

지난달



Por G. J. Villegas

  Nadie contestó al fuerte llamado de Charles. Lentamente se acercó a la puerta para asomarse por la mirilla. Yo me levanté del suelo y me dirigí a la cocina. Es la única ventana en mi casa suficientemente grande para salir por allí. También tiene cierto ángulo que permite ver parcialmente la entrada principal.

Cuando Charles miró de quién se trataba, abrió la puerta enseguida pero con precaución.

—¿Quién usted y que quiere? —preguntó con autoridad.

—¡Hola! Pizza con doble queso y champiñones justo a tiempo —dijo el sujeto en la puerta.

Vestía un uniforme de repartidor y llevaba unos audífonos enormes, lo que explicaba por qué no respondió a los gritos de Charles.

—Oiga usted no es el tipo de siempre. ¿Está él en casa? —preguntó el repartidor.

El rostro de Charles cambió, ahora estaba aliviado pero igual mantenía los ojos abiertos.

—¿Te refieres al tipo flaco alto y sin gracia que parece no tener sentido de la responsabilidad y la seguridad?

—Ah… —titubeó el joven— Me refiero al reportero famoso que deja buenas propinas.

Salí entonces a recibirlo. Charles es buen policía pero es terrible atendiendo estas cosas.

—Hola Bob, cada vez eres más veloz. Ten el pago y quédate con el cambio como de costumbre —le dije sonriendo.

Charles me miró serio, y antes de cerrar la puerta me reclamó:

—Así que sabías que te traerían pizza. ¿Por qué me dijiste que no esperabas a nadie?

—No recordaba que Bob viene aquí cada domingo.

En ese momento Bob entró rápidamente a la casa y sin darnos tiempo a reaccionar declaró:

—Me pidieron que le diera un mensaje importante Sr. Montgomery, una mujer con un lunar raro en la mejilla.

Charles y yo nos miramos asombrados, el joven sacó un papel de su bolsillo y comenzó a leer:

—“Recuerdo que un día unos amigos míos iban de paseo por el desierto de Atacama. Decidieron alejarse del camino principal y una hora de camino después se les ponchó un neumático. El esposo decidió caminar en busca de ayuda ya que sus teléfonos no servían allá. Pero en ese desierto hay coyotes. La esposa esperó en el auto todo ese tiempo. Pero como su marido tardaba, decidió salir y caminar por el lugar. Finalmente cuando el esposo llegó, muchas horas después, su esposa ya no estaba, pero un rastro de sangre se dibujaba en la arena hasta una guarida de coyotes.”

—Es todo señor, eso me pidió la mujer que le dijera.

—¿Te dijo su nombre esa mujer? —preguntó Charles.

—No quiso hacerlo señor —respondió dándole la nota— pero pagó muy bien para que le leyera esto. Pensé que era alguna propuesta de amor y eso… pero solo es esta historia rara. ¿Es algo para publicar en el periódico?

—Gracias Bob, eres todo un fiel mensajero. Dime ¿escribiste tú mismo la nota o ella te la dio escrita? —pregunté inmediatamente.

—Ella la escribió delante de mí.

—¿Dónde te la entregó? ¿En la pizzería? —inquirió Charles.

—No, me detuvo justo antes de llegar aquí, en el semáforo que está una calle abajo.

—Gracias de nuevo Bob, puedes irte —dije señalándole la puerta y agregué— no olvides venir el próximo domingo, mismo menú.

—¡Usted manda señor!

Cuando se fue, Charles me miró intrigado por el contenido de la nota.

—Se trata de un mensaje en clave —le indiqué al ver la expresión en su rostro.

—¿Un mensaje en clave? Y ¿Qué significa?

Me quedé mirándolo fijamente, sabía exactamente qué responderle, pero me daba cuenta que no era prudente hacerlo en ese momento.

—La clave está en los coyotes Charles —atiné a decirle.

—¿Qué? ¿Cuáles coyotes? A ver, ¿por qué no decir el mensaje con claridad en lugar de contar esa historia del desierto y la esposa devorada?

Me acerque a su oído y le dije en voz baja:

—Porque no quiere que “los coyotes” entiendan el mensaje.

Chales se sorprendió de mi deducción, entendía a lo que me refería. Miró a los lados como buscando a alguien y me preguntó en también en voz baja:

—Entonces ¿Por qué hacer que el repartidor leyera la nota?

—Para cerciorarse de que en verdad me llegara el mensaje. Al parecer ella también tiene forma de escuchar lo que hablamos.

—Esto no me gusta Monty.

—Francamente, a mí tampoco. ¿Quieres saber exactamente lo que significa el mensaje?

—Desde luego.

—Entonces tenemos que irnos a otro lugar.

—Se dónde podemos estar seguros, trae tu pizza.

Continuará…






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Nuevamente un contenido excelente, creo que conseguí un fallo en la nota que deberías editar pero del resto, impecable, muy buena historia, y como dije en el capítulo anterior, deseo seguir leyendola. Excelente!

Y felicitaciones por ganar el concurso de "El Autor Desconocido", muy bien merecido además.

En la nota, inicialmente dice amigos, luego comenta que son marido y mujer, quizás no lo entendí bien o quizás fue un pequeño fallo, en cualquier caso, excelente post y sigue así.