Sobre "Piloto de guerra" (1942) de Antoine de Saint Exupèry

작년

Honestamente sólo conocía de este escritor francés ese libro hermoso e imprescindible que es El principito, lo último que escribió antes de desaparecer en un vuelo.

Escritor y piloto de aviones, supe luego, gracias a un extraordinario documental sobre su vida y su obra, que tenía varios libros más, entre ellos Piloto de guerra, sobre sus experiencias en la segunda guerra mundial, Vuelo nocturno y Ciudadela.

Así que he leído recientemente Piloto de guerra, descubriendo una faceta más de ese aclamado autor que pudo ver en vida el éxito de sus libros, algo de lo que no disfrutan todos los artistas.

Si tuviese que caracterizar con una palabra este libro, diría que es conmovedor. De qué manera tan profunda y sutil vamos acompañando la reflexión de este hombre que vive cada día de esa guerra observando y sintiendo la resonancia interior de todo lo que hace y presencia.

En determinado momento del libro recuerda su infancia:

"¡Con qué alegría me sumerjo en esa infancia tan protegida! Sé muy bien que primero se nos da la infancia, el colegio, los compañeros; que luego llega el día en que se rinde examen, en que se recibe un diploma, en que, con el corazón apretado, se franquea un umbral más allá del cual, de buenas a primeras, se es hombre. Entonces pisamos con fuerza, comenzamos nuestro camino en la vida. Los primeros pasos de nuestro camino. Por fin probaremos nuestras armas sobre adversarios verdaderos. Usaremos la regla, la escuadra, el compás, para construir el mundo o para triunfar sobre nuestros enemigos. ¡Se acabaron los juegos! Sé que, por lo general, un estudiante no tiene miedo de afrontar la vida; que, por el contrario, bufa de impaciencia. Los tormentos, los peligros, las amarguras de la vida de un hombre no intimidan a ningún estudiante.
Pero yo... soy un estudiante raro. Soy un estudiante consciente de la felicidad y que no está tan apurado por afrontar la vida... "(3)

Ese recuerdo nos da la medida de su experiencia infantil, su valoración de esos años, sin dejar de reconocer que casi todos hemos querido cuando niños ser adultos lo más rápido posible,

y sin embargo destaca el carácter protegido de esos años, sobre todo que para él la infancia siempre será ese reducto de felicidad de la que se sintió consciente y de la que no estaba tan urgido como otros por dejar atrás.

En otro instante del libro piensa sobre la naturaleza de las discusiones maritales, y como los problemas del día durante la noche no poseen la misma relevancia, al contrario, la noche como que nos otorgara una grandeza de visión, una perspectiva más amplia de todo, y esas palabras disonantes dan paso naturalmente a la reconciliación y al amor:

"El día para las disputas hogareñas, mas la noche... en la noche los que han disputado se reencuentran con el Amor. Pues el amor es más grande que aquel vendaval de palabras. Entonces el hombre se acoda en la ventana, bajo las estrellas, responsable otra vez de los niños que duermen, del pan de mañana, del sueño de la esposa que descansa allá, tan frágil, delicada, pasajera. El amor no se discute, es. ¡Que venga la noche para que se me muestre alguna evidencia que el amor merece! ¡Que venga la noche para que ya piense en la civilización, el destino del hombre, el gozo de la amistad en mi país; para que anhele servir a alguna verdad imperiosa, aunque tal vez todavía inexpresable! ..." (8)

Insistiendo sobre la infancia, el autor dice aún más, recreándola como un lugar, como un reducto de inmensidad del que todos hemos partido para desde allí hacer el camino de la vida:

"¡La infancia, ese enorme territorio del que todos hemos salido! ¿De dónde provengo? Provengo de mi infancia. De mi infancia, como de un país... "(41)

Momento especialmente conmovedor e impactante es en el que nos relata la muerte de su hermano menor, como reflexión y enseñanza recibida a corta edad sobre el sentido de la muerte:

"A los quince años recibí mi primera lección. Se había desahuciado a un hermano menor que yo. Una mañana, cerca de las cuatro, su enfermera me despierta: —Lo llama su hermano. —¿Se siente mal? La enfermera no responde. Me visto en un abrir y cerrar de ojos y voy al encuentro de mi hermano. Me dice con voz natural. —Quiero hablarte antes de morir. Voy a morir. Una crisis nerviosa lo crispa y lo obliga a callar. Durante la crisis dice que “no” con la mano. Y yo no comprendo el gesto. Pienso que el niño rechaza la muerte. Pero, una vez restablecida la calma, me explica: —No te asustes... no sufro. No me duele nada. No puedo evitarlo. Es mi cuerpo. Su cuerpo, territorio extranjero, ya otro. Pero el hermano que dentro de veinte minutos estará muerto, quiere ser serio, le urge la necesidad de delegarse en su herencia. Me dice: “Quisiera hacer mi testamento...” Se sonroja; no cabe duda de que se siente orgulloso de comportarse como un hombre. Si hubiera sido constructor de torres me habría confiado su torre en construcción. Si hubiera sido padre me habría confiado sus hijos para educar. Si hubiera sido piloto de avión de guerra, me habría confiado los papeles de a bordo. Pero sólo era un niño, y sólo me confía un motor de vapor, una bicicleta y una carabina." (70)

Es hermoso e impactante ese momento de rara solemnidad que nos relata Saint Exupèry, en el que ese niño que fue su hermano asume con calma y parsimonia la rebeldía de un cuerpo que desiste de la lucha por la vida, y en que le hace recuento de sus posesiones más amadas: un motor de vapor, una bicicleta y una carabina.

Así, piensa que: “Uno no muere. Nos imaginamos que tenemos la muerte, pero tememos lo inesperado, la explosión, nos tenemos a nosotros mismos. ¿La muerte? No. Cuando se la encuentra ya no hay muerte. Mi hermano me dijo: “No te olvides de escribir todo esto...” Cuando el cuerpo se deshace aparece lo esencial. El hombre sólo es un nudo de relaciones, sólo las relaciones cuentan para el hombre." (71)

Esa mirada del hombre como un nudo de relaciones que se establecen con los otros, con el mundo, es central para comprender la idea de humanismo que atraviesa este pensamiento de Saint Exupèry. Sólo somos lo que logramos vinculados con los demás, con lo demás.

Por supuesto, el libro ahonda en la experiencia de ser piloto dentro de la guerra, en ese poner en riesgo la vida cada día, en cada misión, y la manera como ese hecho nos cambia, nos hace otros:

"En adelante cada explosión me parece, no ya amenazarnos, sino endurecernos. Cada vez, durante un décimo de segundo, imagino pulverizado mi aparato, pero sigue respondiendo a los comandos, y lo levanto, como un caballo, tirando vigorosamente de las riendas. Entonces me distiendo y me siento invadido por una sorda alegría. Apenas tenía tiempo de sentir miedo sino bajo la forma de una contracción física, que provoca un gran ruido, que ya se me concedía el respiro de la liberación. Debería experimentar el sobresalto del choque, luego el miedo, luego la distensión. ¡Ni pensarlo! ¡No hay tiempo! Experimento el sobresalto, luego la distensión. Sobresalto, distensión. Falta una etapa, el miedo. Y no vivo en la espera de la muerte en el instante inmediato, sino en la resurrección al salir del instante que la precede. Vivo en una suerte de reguero de alegría, vivo en la estela de mi alegría, y comienzo a experimentar un placer prodigiosamente inesperado... Como si mi vida me fuera otorgada en cada instante, como si mi vida se me volviera más sensible a cada instante. Vivo. Estoy vivo. Estoy vivo todavía. Estoy vivo siempre. No soy sino una fuente de vida. La embriaguez de la vida se apodera de mí. ¡Se habla de “la embriaguez del combate”. ¡Es la embriaguez de la vida! ¡Eh! ¿Saben los que nos disparan desde abajo que nos están forjando?" (72)

Nos habla el autor de esa consciencia profunda de la vida que confiere el hecho de sabernos tan próximos a perderla, pero a la vez de esa alegría embriagadora que lo invade cuando se sabe que se ha logrado sobrevivir.

Y me encanta en particular eso que dice cuando se interroga "¿Saben los que nos disparan desde abajo que nos están forjando?", porque esa nueva conciencia que alcanzan los hace más y mejores hombres, forjados por ese riesgo, modelados gracias a esa amenaza constante.

En otra ocasión, de nuevo la noche le ofrece una sensación de inmensidad que lo conecta con los otros, la realidad se vuelca dentro de sí resonando profundamente:

"Me parecer comprender una gran cantidad de cosas en la extraña noche de la aldea. El silencio es de una calidad extraordinaria. El menor ruido llena el espacio entero, como una campana. Nada me es extraño. Ni el quejido del ganado, ni un llamado lejano, ni el ruido de una puerta que se cierra. Es como si todo sucediera dentro de mí mismo. Es preciso que me apure a aprehender el sentido de un sentimiento que puede desvanecerse..."(89)

Y en ese instante se sabe hermano de todos, sabe que un hombre es siempre todos los hombre de las especie.

"Una vez más experimento el sentimiento de un parentesco milagroso. El Hombre que me habita esta noche no termina de enumerar los suyos. El Hombre, medida común de pueblos y de razas." (90)

Me maravilla especialmente su grandeza, esa mirada tan amplia y tan compasiva respecto al resto de los seres humanos, se siente parte de la civilización humana, entendida como una escuela de cristianismo, compasión y sabiduría:

"En mi civilización, el que no es como yo, lejos de disminuirme, me enriquece. Nuestra unidad, por encima de nosotros, se funda en el Hombre." (90)

Así, el hombre es la escala común a todos, ya que todos, sin excepción, pertenecemos a la humanidad.

Y por supuesto señalará que es muy fácil esclavizar, someter a los otros, regularlos y controlarlos por medio de reglas y leyes. Pero lo importante sería darle a cada hombre la posibilidad de ser libre, reinando sobre sí mismo:

"Es fácil establecer el orden de una sociedad sobre la base de la sumisión de todos a las reglas fijas. Es fácil moldear un hombre ciego que sufra, sin protestar, un amo o un Corán. Pero mucho más valiosa es la conquista que consiste en hacer que el hombre, para liberarse, reine sobre sí mismo." (91)

Y añade que la libertad supone mucho más que dejar a alguien suelto en un espacio, supone darle las herramientas para vivir con dignidad, para entender, para vivir en libertad.

"¿Pero qué significa liberar? Si libero en el desierto a un hombre que no siente nada, ¿qué significa su libertad? Sólo hay libertad de “alguien” que va a alguna parte. Liberar a aquel hombre del desierto sería enseñarle la sed y trazar un camino hacia un pozo." (92)

Es hermoso como este escritor asume su humanidad, su sentirse parte de la civilización humana como un honor y un orgullo, por todo lo que esto significa y supone:

"Mi civilización, heredera de Dios, ha hecho a cada uno responsable de todos los hombres, y a todos responsables de cada uno. Un individuo debe sacrificarse a la salvación de una colectividad, pero no se trata aquí de una aritmética imbécil, sino del respeto del Hombre a través del individuo. En efecto, la grandeza de mi civilización estriba en que cien mineros deben jugarse la vida para salvar a un solo minero enterrado, pues en él salvan al Hombre." (93)

Sabias palabras en días en los que parece que tantos se desmarcaran de su humanidad para apartarse de los demás o rechazarlos. Aunque sea por cuestiones de salud, no debemos olvidar que somos miembros de la raza humana y nos debemos a ella, y siempre salvar a un hombre es salvar a toda la humanidad.

Finalizo con una foto de la portada del libro que leí, en su edición digital.

Piloto de guerra.jpg

Authors get paid when people like you upvote their post.
If you enjoyed what you read here, create your account today and start earning FREE STEEM!
STEEMKR.COM IS SPONSORED BY
ADVERTISEMENT
Sort Order:  trending
  ·  작년

Una excelente recomendación de lectura, reseñada de la manera más atractiva y completa. Nos agrada volver a leerte, querido @doctorlibro. Te dejamos nuestro apoyo por aqui.

¡Somos Club12!.

Publicación curada manualmente por Club12

¡¡¡Vamos por más!!!

·

Hola amigos, gracias por el apoyo, abrazos.