Aspecto teolista de nuestra misión en la vida

2년 전

Un argumento que muchos ateos y agnósticos esgrimen para querer demostrar que Dios es un invento del ser humano es la necesidad que tenemos de utilizar mecanismos de defensa que exoneren al ego del sentimiento de culpa o tormentos, por las ”desgracias de la vida” que en todos acontece. Así, cuando un evento que nos produce mucho dolor, como la muerte de un ser querido, muchos son los que dicen para consolarnos “se hizo la voluntad de Dios”, como si nuestro Padre y Señor fuera un ser caprichoso que no le importa vernos sufrir. Lo cierto del caso es que, ni Dios es un invento al cual achacarle las penas de nuestras vidas ni tampoco ejerce su voluntad nefasta e indolente para vernos sufrir, todo redunda a un mecanismo sinérgico, del cual cada uno de nosotros actúa como un engranaje que nos une a todos de forma holística, que el Altísimo emplea para darle curso a su propósito divino y que solo se puede llevar a cabo gracias a “nuestra misión en la vida”.

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La confusión que existe, desgraciadamente, en la mayoría de las personas, de sentirse como seres aislados del resto nos hace pensar, cuando algo malo nos sucede o nacemos con alguna anomalía que nos priva del desempeño que normalmente la mayoría puede realizar, bien sea a nosotros o a nuestros seres allegados, que “la mala suerte” ha intercedido en nuestras vidas.
A continuación les voy a contar una de las experiencias más hermosas y de aporte filantrópico que ha acontecido en mi vida, en la que tuve que explicar el aspecto teolista de nuestra misión en la vida.
Cierta mañana me encontraba caminando por las calles de un barrio acompañado de una amiga, cuando pasábamos en frente de una casa de donde salía un joven, como de treinta años de edad; mi compañera al verlo lo saludó cordialmente, ya que se conocían, y el joven nos invitó a pasar al porche de su casa luego de presentarse como Julián. En medio de la tertulia comencé a hablarles del propósito que todo ser humano tiene en la vida y pude notar que nuestro anfitrión frunció el ceño mirándome a los ojos, y se levantó de su asiento diciéndome en tono molesto:

  • Espérate aquí que ya vengo.

Entró a su casa manteniendo el gesto de enojo y de pronto sentí que el ambiente se puso algo turbio; miré a mi compañera con seriedad y le pregunté si dije algo indebido, y ella, sin contestar nada, encogió los hombros haciéndome un gesto de ignorar la situación. Al rato salió Julián trayendo consigo, en una silla de ruedas, a una joven parapléjica como de veinticinco años de edad, con unos lentes de cristales gruesos y con discapacidad para hablar. Sus piernas, exageradamente delgadas con los pies doblados hacia dentro, denotaban que pasaba la vida condenada a la silla de ruedas en su tiempo de vigilia. Después de colocarla en frente mío y de mi compañera, Julián me preguntó con tono fuerte y casi que agresivamente:

  • Me puedes explicar tú ¿cuál es la misión que Dios le puso en la vida a mi hermana?

Sin dejarme impactar por su arremetida miré a la joven con condescendencia a sus ojos, y sin quitarle la mirada le pregunté a Julián:

  • ¿Cómo se llama tu hermana?

  • Sofía – me contestó el joven con inmutable molestia.

Me levanté de mi asiento y en dos pasos me postré de rodillas al frente de Sofía, a quien tomé de su mano para comenzar mi argumento:

  • Hola Sofía, mi nombre es José, estoy aquí para contarte la importantísima misión que Dios te ha encomendado, aunque la condición que de por vida has llevado no lo aparenta. No puedo imaginarme todo lo que has sufrido, porque solo tú y todos los que padecen tu condición de discapacidad lo saben, pero es gracias a esto que los seres que te rodean, tu hermano, tus padres, familiares y allegados, han desarrollado una capacidad de amor que no hubieran podido alcanzar si tu fueras como el resto de las personas sin problemas de discapacidad. Apenas puedo imaginar la frustración que te ha embargado a lo largo de tu vida, de no poder caminar y hacer tantas cosas que te gustaría hacer, y que ves hacer en los demás, pero Dios te necesita así como eres para poder lograr el propósito divino de su creación; tu condición, tal como tú estás, ha influenciado en la vida de las personas a quien amas, logrando que ellas te lleguen amar como pocas personas aman en esta vida, y es así como Dios necesita que ellos adquieran esa facultad, porque solo así, ellos podrán realizar su misión en esta vida y contribuir a que nuestro Padre y Señor logre su cometido. De manera que tú le has servido de herramienta a Dios para lograr su propósito y es esa la misión que Él te encomendó. Es muy importante que sepas que cada quien tiene una misión en la vida que Dios le ha asignado y que pocos logran cumplirla a cabalidad, tú lo estás haciendo y es algo de lo que debes enorgullecerte porque, si hay algo de lo que estoy seguro, es que Dios está orgulloso de ti.

Una lágrima de emoción brotó de los ojos humedecidos de Sofía, en ese momento volteé a mirar a Julián quien, enmudecido, apretó sus labios en señal de aprobación a mi argumento; pero aún no había terminado, volví a mirar a Sofía para culminar mi discurso:

  • Es muy importante que sepas, apreciada hermana, que no basta con influenciar en los demás por ser como eres, para llevar a cabo tu divina misión: deberás sentirte feliz contigo misma para alcanzar esta meta, porque solo así mantendrás tu conciencia libre de sufrimientos para el gran momento de declarar ante Dios que hiciste todo lo que estaba encomendado para ti; de ahora en adelante debes trabajar en cambiar las pesadumbres del pasado por nuevas alegrías, la verdadera alegría de vivir, ahora que sabes cuál es tu importante misión… ¡qué Dios te bendiga hermanita!

Al terminar lo que fue mi buena obra del día, me levante y le di a Sofía un beso en la frente sin dejar de tomar su mano, sentí que apretó la mía en señal de satisfacción y yo, con mi otra mano, cubrí la suya. Al voltear vi a mi compañera secándose las lágrimas y a Julián, que mirándome con los ojos húmedos, me manifestó:

  • No sé qué decir –me dijo con la voz quebrantada de la emoción.

  • Dame un abrazo hermano – le dije a Julián extendiéndole mis brazos.

El joven, profundamente emocionado, correspondió a mi abrazo y sin poder evitarlo se echó a llorar en mi hombro.

  • Jamás había visto a Sofía tan feliz, ni siquiera cuando le cantamos el cumpleaños.

  • Pues ahora tienes una nueva misión: el de mantener en tu hermana en este estado de alegría – le decía yo a Julián- recuerda que ella ha pasado mucho tiempo frustrada y eventualmente la verás recayendo pero, ahora que sabes lo de la misión que cada uno tenemos que cumplir en nuestras vidas, sé que podrás levantarle el ánimo recordándole lo que pasó hoy.

  • Así será… amigo José – me contestó Julián estrechando mi mano con satisfacción.

La doctrina teolista nos demuestra que no existen desgracias, defectos o anomalías en las personas o en el curso de sus vidas porque cada acontecimiento, independientemente de la apreciación que tengamos en el momento para juzgarlo y las emociones que nos despiertan inevitablemente porque somos seres humanos,”repercute para bien” en otras personas o sirven para el propósito divino de la creación.

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