Relato: Mi primera aventura

2개월 전

Era 1910 cuando tuve mi primera aventura. Tenía 13 años, hambrienta de conocer el mundo y con el deseo de deshacerme de las ataduras que impedían ver la vida tal cual. Fue la primera vez que viajaba en compañía de mi tío Owen, lord Roxton; él, un aventurero y un mujeriego, sabía que yo era como él dada mis numerosas tentativas de marcharme de St. Paul, aquél colegio para señoritas a la que mi padre me había enviado para obtener una educación a la que todos deberían acceder por derecho.

Lo sabía, y en la última tentativa me ayudó a escapar disfrazándome de muchacho. Lo hizo a espaldas de mis padres, quienes no sabrían nada de ello hasta el siguiente año.

En barco viajamos a Delhi, la capital, y de ahí nos internamos en las profundas selvas, a las antiguas ruinas de lo que fueron alguna vez grandes reinos. De la India nos fuimos a Marruecos, a la Fez de León El Africano; ahí se encontró con quien sería mi tía, Zira, a la que conoció en un viaje previo. Ella era hija de madre soltera, una bailarina; trabajaba como tal en uno de los centros nocturnos recién construidos. Zira, la amable y dulce tía que me enseñó el arte de la danza oriental.

Ahí conocí a quien sería mi esposo y mi primer amor, Jim. Ahí fui raptada por esclavistas, rescatada por Jim y mi tío; de ahí atravesé en camello el norte del Sahara, explorando Argelia y Libia, llegando a Egipto. Ahí exploré las Pirámides de Gizeh y las tumbas del Valle de los Reyes.

Tuve la suerte de conocer a maharajás y jeques, de correr por las calles jugando con otros niños, de hacer amigos. Tuve la suerte de conocer otras culturas, de ver lo bueno y lo malo de las personas; entendí finalmente por qué mi tío prefería las afueras que la madre patria, entendí lo importante que es ser empático, de entender a aquellos que nacieron con la nada. Entendí que muchas veces el privilegio viene con condiciones; entendí que aquella jaula de oro que representaba mi posición social no era mi lugar en el mundo. Que éste se encontraba ahí, afuera, en ese vasto paisaje.

Todo eso quedó en mi memoria cuando regresé a Inglaterra en agosto de 1913; lo guardé para mí misma, pues sabía que a mis padres no les agradaría escuchar que viajé sin su permiso.

Es el recuerdo que más atesoro de mi infancia tardía; es ese recuerdo que despertó en mí los deseos de abandonar la jaula de oro, el recuerdo que impulsó lo que he hecho hasta ahora: Ser libre.

Fuente de la imagen: Pexels

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